Etiketaren artxiboa: aspuru

Larrabetzu eta txirrindularitza
aurkezpena Emeterietan

Jesus Loroño txirrindularia handia zela askotan entzun dugu.
Benigno Aspuruk zenbat etapa irabazi zituen badakizu?
Mikel Artetxe Euskaltel taldean ibili zen eta Frantziako Tourra be korritu zuen.
Txomin Aiartza errepidean entrenatzen ikusten dugu sarri.

La ponchera de Aspuru.

Kaixo.

Atzo  BenignoAspuru hil zan.

Gure lagunak bialdutako artikulua

http://www.biciciclismo.com/

Benigno Aspuru, nacido en Larrabetzu (Bizkaia), el 21 de septiembre de 1930 ha fallecido a los 83 años. Fue un ciclista profesional entre 1955 y 1961, que disputó un Tour de Francia y seis Vueltas a España -fue octavo en 1960-, ganado una etapa en la edición de 1956. Corrió como independiente entre 1948 y 1955, y después en los equipos Boxing Club (1956), Cil-Indautxu (1957), Kas-Boxing Club (1958), Kas (1959-1960) y Kas-Royal Asport (1961).

Era un ciclista espigado, con aire poco académico sobre la bicicleta, pero todos conocíamos a Aspuru, simpatía a raudales dentro y fuera del pelotón; cuando pasaba la carrera gritábamos ¡Aúpa Loroño! como posesos, pero los mayores nos decían con una ironía casi insoportable, que Loroño estaba corriendo el Tour, o el Giro, o algo más importante siempre.

Un hombre del barrio, el padre de Charito, nos dijo un día que había otro de su pueblo que también era bueno, había ganado una etapa en la Vuelta a España (1956) con Orduña y Herrera de por medio y escapado todo el día, 207 km., con más de ocho minutos sobre el segundo, y que además se llevó la Bicicleta Eibarresa con dos bien puestos sobre buenos corredores franceses, Walkowiak y Annaert entre ellos, además de Manzaneque, Julio Jiménez, Ferraz, Suárez, Loroño y compañía. Con este último había corrido el Tour 57, algo inaudito que dos ciclistas de Larrabetzu coincidiesen en el mismo Tour.

A partir de entonces gritábamos ¡Aúpa Aspuru! al paso del grupo más numeroso y normalmente había una mano que se alzaba sobre el resto de maillots y nos respondía ¡aupa chavales!

La cosa es que en la carrera de fiestas del pueblo llegó primero a meta el fornido corredor de Kas, sin kaskol todavía, frente al bar Abendaño. Todos queríamos que ganase uno de amarillo, nos dijeron que era Benigno Aspuru, el hombre a quien casi siempre le escribían el apellido de forma diferente. La gente se arremolinó en la zona de meta en torno a los corredores que iban llegando. Yo me asusté un poco con tan repentino movimiento y me quedé quieto, tenía suficiente con todo lo que había vivido en las últimas dos horas de emoción, comentarios, motos, coches, sirenas, muchos aplausos y alguna discusión.

De repente apareció ante mí un corredor con maillot kas huyendo de los apretones y fáciles agasajos al vencedor -interpreté bastantes años después- y puso pie en tierra. Lo tenía a medio metro, resopló cansado y echó mano de la ponchera para refrescarse. Me sentí importante, muchos aficionados venían hacia donde yo estaba, era una sensación que nunca había experimentado. Y en todo aquel aturdimiento pensé que estaba ante una situación única e irrepetible, fue cuestión de pocos segundos. Alcé mi mano buena, la izquierda, y la acerqué al manillar del ciclista; cada vez tenía más aficionados alrededor, un ruido ensordecedor; conseguir tocar su cinta del manillar, estaba empapada de sudor.

En mi éxtasis particular alguien me empujó y caí sobre la bicicleta, me hice daño pero eso era lo de menos. Seguramente me sonrojé como quien ha sido sorprendido en huerto prohibido, mi brusco movimiento hizo tambalearse también un poco al cansado ciclista. Yo quería que me tragase la tierra, no podía incomodar a un miembro de mi endiosado pelotón. Un sentimiento horrible me sacudía todo el cuerpo, estaba en un estado de convulsión que nunca había experimentado, le miré con cara de miedo.

Fue cuando el ciclista, el ganador, el héroe Aspuru se agachó y me alargó su ponchera. No me acuerdo del color del bidón, ni si estaba medio lleno o vacío. Se me quedó grabada, sin embargo, la sonrisa de cariño, aprobación -y de perdón en mi incipiente intimidad- con la que el gran Aspuru me obsequió, a la vez que metía su ponchera entre mis manos y apretaba éstas contra mi pecho para que nadie me quitara el preciado trofeo. Yo tenía cinco años y puedo hoy todavía señalar el sitio exacto donde ocurrió todo. No pasó a la historia del ciclismo su victoria de 1959 en la carrera de Galdakao, pero a mi historia os aseguro que pasó con letras de oro.

-Éste quedó noveno en la carrera del barrio hace tres años, -me dijo uno de los mayores que quería la ponchera,
-Además tú, chaval, ni te acuerdas, eras un enano, -me recriminó otro que ya iba a clases particulares preparatorias del examen de Ingreso.

Y sigo bebiendo de aquella ponchera sin fondo, Benigno, sabiendo que nunca se me agotará.

Max Bulla